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El fotolog de elgauchobesuqueiro
MONUMENTO AL GAUCHO  DURAZNO

Andaba lento, como cargando con el peso de los años, Don Facundo. Más por viejo y por buenazo que por sociable o conversador, no habia vecino que no supiera de él en todo el univeso chiquito de Villa del Carmen, donde se aparecía muy de vez en cuando por unas galletas y un traguito de caña si era sábado. El que no le sacaba por la pinta, lo reconocía por la compañía porque era bastante más probable ver a Don Facundo Ferro sin pantalones que encontrarse sin perro. El bicho era como mandado hacer para las cositas del campo. Voluntarioso como pocos para ayudar con el rejunte de las ovejas, atento para correr a las cotorras del maizal y una luz en la carrera contra las liebres que eran buenazas para el puchero, a pesar de que no era galgo como el de los gringos de la estancia de al lado, que es muy bonito pero no sirve ni para avisar quien viene, era marca perro nomás, medio pariente lejano de los tipo policía, pero con una mezcla de bofes que habia que tener flor de imaginación para reconocerlo ovejero. Pero para el viejo ferro se ve lo que más importaba era que el animalito era un compañerazo.
Fueron muchas las horas de mateadas y cigarro de chala a la madrugada y a la tardecita entre los dos y las lides de campaña y las miserias chiquitas y grandes que conpartieron, y eso le fue dando una habilidad rara para converzarse y conocerse bien a fondo. Asi que no es raro que el hombre y el perro se entendieran de maravillas, se miraran y se estuvieran dando una mano entre ellos y tratándose con un repeto y una honestidad que no siempre es tan fácil encontrar en la amistad humana. Capaz que por eso el viejo Ferro le puso así: GAUCHO
Asi que el GAUCHO y Don FACUNDO eran la misma cosa y se lo veía conversar tan seguido que no falto quien opinara que al viejo Ferro se le había zafado un tornillo. Pero es seguro que el único que de verdad se entero de que el hombre no se andaba sintiendo del todo bien, fue el Gaucho. A él si le debe de haber contado de sus achaques de viejo de morondanga, de la puntadita aca y allá, de los pies de plomo que cada vez tenia que guapiar más para bajar del catre. Hasta una vuelta que por más ladrido y lamida y cola revoleada que el amigazo le regalo las piernas de don Facundo dijeron no va más.
De lejos lo vió el Vasco Mendizabal desde el caballo entre los surcos de la chacra y le extraño, porque el gaucho jamás andaba solo, porque ladraba como loco y daba vueltas. Hasta que el Vasco cayó en que quería que lo siguiera y ahí si que se asustó y entonces arrancaron los dos al trote. Llegar al rancho del viejo y volver a salir disparado con rumbo al pueblo fue casi la misma cosa. Al rato volvió el Vasco con el único doctor que había en el pueblo, que examinó a Don Facundo y puso cara de preocupado. Unos minutos después otro vecino trajo el jeep y entre todos cargaron al viejo y lo sacaron a la carretera con rumbo a Durazno. La preocupación por el vecino fue tan grande que nadie reparó en el Gaucho que corría de un lado a otro como pidiendo que lo llevaran. Allá quedó solo gimiendo despacito y mirando como el jeep desaparecía unos minutos antes de salir a correr.
Fueron más de 50 kilometros, a través de porteras, alambrados, de un salto cruzó arroyos y montes y zanjas, trepó cerros y vadeó muros y corrió por horas sin descanso. Nadie sabe como pero apenas un par de horas mas tarde, con toda la lengua afuera y las costillas aleteando por la falta de aire y el cansancio el Gaucho entró como perico por su casa por la puerta principal del hospital, ignoró la llamada desesperada de la recepcionista, entró por el pasillo, esquivó un carro lleno de sábanas, dobló dos esquinas, pasó por debajo de las piernas de una enfermera que casi suelta la vandeja que llevaba con todas las pastillas del piso, eligió con precisión imposible la sala de cuidados intermedios y se echó a descansar bajo la cama de Don Facundo.
En un minuto la sala se lleno de gente, entre las tres enfermeras que vinieron a sacarlo de abajo de la cama un par de pacientes mirones y un administrador que salió a ver a que venía tanto alboroto. El Gaucho no dió ni bolilla a las macacadas aparatosas de las tres mujeres, asi que tuvieron que llamar a dos funcionarios de esos lomudos para ver si entre todos se podía. Al principio con un poco de cautela porque no sabían si era malo, pero cuando se dieron cuenta que era manzo lo empujaron entre varios hasta que lo sacaron del hospital.
Fue aquella una tarde feísima y una noche peor de llovizna fría. Cada uno que entraba al hospital preguntaba de quien sería aquel animalito que tiritaba y gemía en la puerta. Cada tanto, como quien no quiere la cosa , el Gaucho volvía a traspasar la puerta y se quedaba mirando a la recepcionista como pidiendo permiso, de a poquito las palabras que aquella gente usaba para echarlo a la calle se fueron haciendo mas dulzonas y en unas cuantas horas, el Gaucho ya se había ganado un par de sonrisas cómplices,unas cuantas caricias y un plato de guiso. Pronto se hizo rutina de la tusaneras llevarle agua y comida, de los limpiadores simular que no lo habían visto y de los directores hacer como que no sabían nada del asunto. Hasta que unos cuantos días después un chillido finito y fuerte traspazó todas las puertas y se metió como una daga hasta la médula de la gente y obligó a todos a correr de angustia a la sala. El Gaucho lamía, sin dejar de aullar, la mano de su amigo Don Facundo que no había podido ganar la pulseada a la muerte. Varias vecinas y vecinos fueron al velorio a despedir al viejo Ferro, pero unos cuantos más fueron a ver a aquel bicho que ya empezaba a hacerse célebre entre la gente del pueblo y a poner en la calle una ternura casi olvidada. Unos y otros acompañaron al Gaucho, echado abajo del cajón sencillo de su amigo peon y lo vieron caminar con la cabeza gacha acompañando el sepelio como si alguien le hubiera enseñado los rituales de la despedida y hasta varios sintieron ganas de ir a darle el pésame. Más de un mes entero paso el Gaucho sin salir del cementerio más que para comer lo que nadie se atrevía a negarle. Lento siempre, como taciturno, el Gaucho pasó a ser el único ser vivo que podía entrar en cualquier casa, oficina pública o comercio:
la ciudad entera era su casa y nadie tuvo que ponerse de acuerdo.
Cierta vuelta la ONDA que viajaba a ARTIGAS paró en el GRILLO aquellos consabidos quince minutos para que los pasajeros bajaran a estirar las piernas. Entre ellos un señor elegante y solitario que se sento a una mesa y pidió un cortado con tostadas. Se lo venían trayendo ya cuando entró el Gaucho y se acostó justo debajo de la mesa del señor. Molesto por la presencia del perro, el hombre le dió un puntapie en las costillas para que el perro se fuera.
Todos los presentes coinciden que el caballero no alcanzó a volver la pierna al lugar cuando ya le estaban lloviendo patadas, trompadas, empujones y lo subieron a empujones al ómnibus.
SI NO ME TIEMBLA EL PULSO, SI EL RECUERDO
NO ME DA LA MEMORIA CONTRA EL SUELO,
VOY A UNTAR EN UN <PUÑAU> DE VERSOS
LA HISTORIA LEGENDARIA DE ESTE PERRO .
Así arrancaba la voz inspirada de Don MANUEL DEMETRIO SOUZA cuando estrenaba frente a un público nutrido y silencioso su poema de homenaje al perro de todos, silencio total era de emoción y de respeto porque Don Manuel había pedido encarecidamente al auditorio que no lo interrumpieran. Pero lo interrumpieron. Al final de la primera fila alguien gritó -“¡Para, para!”- y el borbollón de gente se corría y dejaba un pasillo como para que entrara alguien.
Entre el corredor de vecinos y vecinas entró el Gaucho, despacito, se subió al escenario y se echo, igual de tranquilo que siempre.
Tres años fue el Gaucho de toda la gente de DURAZNO hasta que una mañanita gris lo encontraron tirado en una esquina. Por esa inexplicable capacidad de comunicarse que tiene la gente, la ciudad entera lo supo en cuestión de minutos y seguro que quien no recibió la noticia con una lágrima, se quedó buen rato con la garganta echa un nudo.
No es raro que el Gaucho sea el único perro que tiene monumento propio de bronce donde se lo puede ver todavía echado:
POR TU INIGUALABLE LEALTAD
POR HABER SIDO NUESTRO
POR DARNOS TU LEYENDA.

AUTOR NESTOR GANDUGLIA de su libro:
HISTORIAS MAGICAS DEL URUGUAY INTERIOR

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Foto de diosadelpoderio
diosadelpoderio · El 13/06/2009 a las 16:38

Hola Gaucho.

buaaaaaaaaa, ultimamente apenas tengo tiempo de nada, simplemente actualizar rapidito y poco mas, estoy en un momento fuerte en cuestiones laborales y de otra indole, espero que vaya recuperando un poco de tiempo para poder estar por aqui, pero de momento, super liada.

No te creas que me olvido de ti, en absoluto, pero de verdad que no tengo tiempo.

Besitos, que tengas un bonito dia

Última foto del fotolog de Primeraluna
Primeraluna · El 13/06/2009 a las 21:43

Hola cielo interesante tu texto
un beso

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